A
partir de allí, supeditado a las figuras que por esfuerzo individual
o por talento natural fueron surgiendo, la Argentina redujo su presencia
en los medalleros internacionales. Algunos de sus deportes quedaron en
anécdotas voluntariosas y de todos los posibles diagnósticos,
el más consensuado es el que coincide en señalar a los dirigentes
y a la falta de estructura como la carencia más evidente para un
desarrollo o crecimiento más útil, tanto en el deporte
recreativo como en el de alta competencia. Surgieron
excepciones como Guillermo Vilas, quien desde 1974 cambió
la historia del tenis argentino, convirtiéndolo en un tema de opinión
para quiénes hasta ese momento lo veían como un deporte
menor, casi aristocrático. |