First Time a Tango was Sung

No era aún el tiempo del tango cantado. Transcurría 1910 y Carlos Gardel era una de las voces de lo criollo. “El Morocho”, como se lo conocía, recorría comités políticos y un trasnochado almacén vecino al Mercado del Abasto entonando estrofas camperas.

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Así, entre la Candelaria, Balvanera, y el Socorro (comités de viejas parroquias) ganó murmullos de admiración entre payadores de larga fama como Ezeiza, Bettinotti, Vieytes y Cazón; eso sin contar el aprecio de los caudillos Aparicio, Rabboni, Ganghi y Traverso que, palmeándole el hombro cariñosamente y con un guiño, le decían:

Lo que precisés, muchacho… No tenés más que pedirlo.

También a las mujeres del barrio había conquistado a fuerza de pinta y quiebro de llanto en la voz, y ellas, gustosas, abrían las ventanas para dejar pasar su serenata.

Parroquianos bebiendo junto al estaño de un Antiguo Bar

El Abasto había cumplido su primera década, la inauguración oficial se celebró en 1893, y ya reunía a varias figuras talentosas de la música de sus alrededores. Aunque sin duda Gardel se contaba entre los preferidos de la zona, no era el único.

También estaban los adeptos a “El Oriental”,  José  Razzano, otro cantor mentado. Y por esas rivalidades que a veces hace crecer la fama, los admiradores de uno y otro se pusieron un buen día de acuerdo para organizar una topada. Contra todas las temerarias predicciones, el encuentro terminó en paz. Y más que eso, dejó su legado glorificador: a la primera cuadra de la calle Guardia Vieja – escenario del “enfrentamiento” – se le dio el nombre de Carlos Gardel.

Lejos de la enemistad, los contrincantes salieron compañeros e inmortalizados en los seudónimos de “el zorzal del Abasto” y “el jilguero de Balvanera Sur”. Juntos concretaron definitivamente, en 1913, el dúo Gardel – Razzano y se consagraron nuevamente entre el público, pero esta vez en los teatros de la céntrica calle Corrientes.

Carlos Gardel, la Voz del Tango

Cuatro años después Contursi escribió sus versos sobre la música del tango Lita, que como todos los tangos hasta el momento, era instrumental. Aunque el autor no mantenía una amistad con el dúo, los sabía colegas. Y al amparo de ese trato cordial, dejó en sus manos la composición.
Gardel y Razzano no se animaron a presentar el tango con letra de buenas a primeras, en parte por el riesgo de la innovación, y también porque esas estrofas tenían poco que ver con las de su acostumbrado repertorio.
Pero a Gardel el tango le gustaba, y el tema también. Lo cantaba repetidamente en reuniones de allegados y conocidos. Fueron periodistas y hombres de teatro quienes más se entusiasmaron oyéndolo. Esta primera aceptación lo decidió, y el [highlight]primer tango cantado[/highlight] se estrenó para 1917, rebautizado como Mi noche triste, en una actuación feliz que los cantores realizaron en el teatro Esmeralda (el Maipo de la actualidad).
A partir de entonces el tango fue cantado. Y los que saben, dicen que el mérito es de Carlos Gardel.

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